20 abril, 2026

Una década recorriendo las calles de Tuxtla
José Adalberto Gómez Santiago lleva diez años recorriendo colonias y fraccionamientos de Tuxtla Gutiérrez, con su esmeril artesanal al hombro.
Aprendió el oficio de sus tíos y su padre, quienes le heredaron también la herramienta con la que trabaja hasta hoy. En la ciudad hay entre 100 y 120 afiladores activos, y cada uno trabaja libremente en cualquier zona sin rivalidades ni territorios exclusivos.
“Pues sí, a veces se va, como dijera, va pasando el tiempo, a veces pasa los detalles de que a veces fallecen o algo, pero a veces va va a quedar se va haciendo la de que van quedando hijos, nietos, primos, sobrinos van quedando, pero sí, alrededor ahorita somos como de unos 100 120 afiladores que vemos aquí en Tuxtla”, señaló.
El servicio que ofrece va más allá de los cuchillos. Afila tijeras, machetes, coas, azadones, cuchillas de licuadora y extractores, alicates y cinceles.
También repara trastes de peltre y aluminio a los que se les rompen las asas o les aparecen agujeros. Por una afilada cobra 50 pesos, aunque el precio varía según el tamaño y tipo de herramienta.
“Lo que es por ahorita como todo, así que, ya ve que todo va subiendo, va subiendo lo que es lo que es eh la comida, va subiendo la gasolina, va subiendo transporte. Pues ahorita lo que se cobra, lo que es por cuchillos, lo que son, se cobra 50 pesos. Sí, cuchillos normales, si ya son más grandes se cobra un poquito más y son ya ve que los de taquero pues son un poquito más grandes, se cobra un poquito más. Sí, igual pues si son un poquito más pequeños, igual no se puede cobrar así, pero sí se les cobra un poquito más”, explicó.
El oficio enfrenta dos retos principales: la desconfianza de los vecinos, que a veces se niegan a atenderlo por temor a la inseguridad, y la competencia de limas y piedras de afilar que la gente prefiere comprar.
Restaurantes, taquerías y cocinas económicas son sus clientes más frecuentes, aunque cada vez son menos los que recurren a un afilador profesional.
Adalberto mantiene con este trabajo a su esposa y sus dos hijos. Aunque quisiera enseñarles el oficio, prefiere que estudien y se ahorren las jornadas de sol y caminata que él enfrenta cada día desde las ocho de la mañana.
“Pues más que nada que como decimos, somos muchos afiladores aquí en Tuxtepec y a veces a veces no nos alcanza para todos, pero sí quisiéramos pedirle a la ciudadanía que nos apoye más que nada por nuestro trabajo, sí, que que ocupe nuestro oficio más que nada a ese aspecto de que que no se pierda, como dice la tradición a veces de el trabajo que tenemos, pues el de nosotros es honradamente es noble, no no venimos a robar, no venimos a saltar o a andar mirando a la gente que tiene, que no tiene”, subrayó.
